domingo, 30 de octubre de 2016

DOÑA PACITA


Un hecho Real? o algo producto de la imaginación...
Les comparto un relato que me proporciono y le agradezco a Elenita Rodriguez de la Tejera

DOÑA PACITA


            Aquella apacible tarde de Julio, pardeando ya, a esa hora en que se ha dado en llamar la hora cero, cuando estás entre la oscuridad y el día, en un caluroso verano, esperando en la salida de donde se encontraba la Dirección en aquel entonces, la llegada del Director, Lic. Rocha la vimos llegar... entrar por el portón, que era la entrada habitual de alumnos, cuando todavía la Preparatoria de Rioverde tenía sus puertas abiertas a toda hora. Como era época de vacaciones solamente nos encontrábamos en la escuela Don Güero, que así llamaban al inolvidable conserje Don Pepe, Chayito, la tesorera y bibliotecaria y yo.

-          Señora, ¿a dónde va?, ya vamos a cerrar, no hay nadie.
Impasible, la frágil señora que avanzaba extrañamente, como si flotara, vestida a la antigua usanza de las viejecitas falda larga, un mandil largo también al tobillo y un rebozo, no se dignó contestarnos.

Corrimos rápidamente y la vimos seguir por el pasillo de entrada, le hablamos, pues estábamos a punto de cerrar. Chayito se fue por el pasillo entre los salones y yo salí por el lado del portón, allí iba, etérea, frágil, ubicua, extraña...
-          ¡Señora! - La llamé.
No contestó, llegó a donde se encuentra actualmente el local de nuestro tradicional Don Vale y la perdí de vista.
-          -¿se regresó? Pregunta Chayito.
-          no, se fue para donde tú ibas,
-          no, yo ya no la vi.
-          ¿en dónde está entonces?
-          Quien sabe, pensé que se había regresado.
-          ¡qué raro!

Nos regresamos a la Dirección a esperar al Lic. Rocha para las firmas sin darle mayor importancia.

-          -Oiga, pregunta don Pepe
-          -¿Qué anoche vieron a la señora?
-          ¿cuál señora?
-          La que entra aquí
-          Sí, vimos que entró una señora, pero no nos dimos cuenta a qué horas salió,
-          - es que no salió
-          ¿cómo?, ¿se quedó encerrada toda la noche?
-          No, no es eso, es que....
-          Es que, ¿qué? don Pepe.
-          Es que.... esa señora ya no sale, sólo se le ve entrar, pero no salir.
-          Ay don Pepe, ahora nos va a decir que hay fantasmas
-          No creo que sea fantasma, porque es bien real, pero no sale y se pierde en el cruce de los pasillos.
-          A poco....
-          Pregúntenle a Manuel y a los de humanidades, a ver que les dicen...

Manuel y los de humanidades sí pensaron que era un fantasma, cosa que nos pareció de lo más atrevida, ellos incluso la habían visto varias veces, me platicaron, yo creí que andarían tomados o algo así o que era broma, no les creí.

Pasó algún tiempo y por causas del destino me fui a vivir por el rumbo de la prepa, un rumbo muy apacible entre semana, porque como la comandancia se encontraba allí, los fines de semana había mucho ruido y movimiento.

Noches de calor, la tradicional plática de los rioverdenses al anochecer, sacar sillas a la banqueta, juntarse a platicar los vecinos, fresqueando en la calle, todo se conjuga, están los vecinos adecuados para ésta historia y comienzan a platicarla.

-          La pobre señora murió de un susto.
-          Y.. ¿cómo fue eso?
-          Fue muy extraño, ¿recuerdan la huerta de naranjos y todas las flores que había plantadas?
-          Cómo no, belenes, espuelas, amapolas, perritos, varas de San José, jazmines, nardos, azucenas, y sabe cuántas más que no me acuerdo.
-          Qué buena mano tenía la señora, interviene otro vecino, que bonitas flores tenía.
-          Tal vez eso fue su perdición
-          ¿por qué?
-          Recuerdan la historia de la carreta sin bueyes?
-          Ah, sí, esa carreta pasa por la calle Escandón.
-          ¿es aquella que se oye el ruido y no hay que asomarse a la calle, porque te mueres si la ves?
-          La misma, dicen que la viejita la vio....porque se oyó la carreta y luego el característico sonido de su ventana al abrirse.
-          Y ¿eso que tiene que ver con las flores?
-          Ahh, pues es que ya ves que en donde hay huertas y jardines se meten muchos animales.
-          Y ¿eso qué?
-          Bueno, pues dicen que la señora murió de susto, porque una gran culebra le cruzó por el cuello, cuando ella estaba ya acostada, eso la espantó y su corazón no resistió..... además está lo de la carreta sin bueyes y debes de reconocer que en las huertas luego hay culebras.
-          No pos eso sí, pobre señora.

Después me platicó Aurorita que eso no era nada, que ya no había querido ampliar los comentarios porque había niños escuchando, pero que cierta noche, al regresar Don Pedro de un viaje de varios meses por el extranjero, en el antiguo jacal que actualmente ocupa parte de la Secretaría de la Preparatoria, escuchó rezos y oraciones, se asomó por la ventana extrañado y vio un velorio,  el cajón estaba abierto y cercano a la ventana y alcanzó a ver a la vecina tendida y con una marca negra como hecha por fuego, en el cuello de la señora, que no le alcanzaba a cubrir el sudario, pensó que la señora había fallecido y al llegar a su casa, después de los saludos, los regalos traídos de lejos a la familia y ya de madrugada, le dijo a la esposa que había que acostarse, porque había muerto la vecina y había que acompañarla un rato. La esposa le dijo:
-          sí, es cierto, pero eso fue hace un mes.
-          ¿cómo si lo acabo de ver ahorita que venía llegando, allí me bajó el carro de sitio y el chofer, Don Inés, también lo vio.

Dadas las explicaciones pertinentes a don Pedro por parte de sus familiares, lo comentó con otras personas vecinas y ellas le dijeron que también lo habían visto, mi tía Faride y mi Tío Chavo, lo mismo que mi cuñado, el Dr. Carlos Gama.

Todo q quedó en el plano de la extrañeza, ¡qué raro!


Pasan algunos años, la viejecita sigue entrando en la Preparatoria, los alumnos aseguran haberla visto...
-          -siempre desaparece en el mismo lugar- me platican.
-          ¿Supiste lo del Ruco? Me comentó Arturo Lagunillas
-          Le salió la viejita y hasta la intentó ayudar para entrar por el portón.
-          ¿y luego?
-          La viejita le dio tal empujón, que el Ruco cayó,  ya ves que tiene polio en una pierna.
-          También que ocurrencias de ayudarla si el Ruco no puede caminar – dice Manuel González, hasta yo lo hubiera aventado, imagínate en riesgo la tumba más que ayudarla.
-          Yaaa... Manuel...., oye, a propósito me dijeron que hay un tesoro enterrado en la escuela, pero no sé dónde, me cae que si lo sé, en la noche vengo y escarbo, me vale que me expulsen, al fin que ya bien rico me voy a estudiar a otro lado dice Lagunillas.
-          ¿saben qué? Continúa Manuel, hoy es día de la santa cruz y salen llamas en donde hay tesoros enterrados hay que quedarnos a ver....

Al día siguiente los muchachos me platicaron como se habían brincado la barda, armaron una tienda de campaña en uno de los jardines y se pusieron a velar.... dicen que por aquello de las tres de la madrugada vieron salir llamaradas en la escalera de la escuela.... no quisieron saber más, salieron volados dejando la tienda de campaña y un pedazo del pantalón del Ruco que no pudo brincar bien por su impedimento. La novedad por la mañana fue encontrar la tienda de Manuel toda caída en uno de los jardines y un trozo del característico pantalón de cuadros del Ruco y nadie sabía cómo habían ido a dar allí.

Curiosamente, en los años de mayor actividad de la viejita nadie la bautizó, se veía y decían que a los alumnos flojos, que se quedaban afuera a perder el tiempo, les sonreía con una cadavérica sonrisa y algo oscuro que llevaba al cuello, como si el rebozo negro de repente, pareciera una gran culebra negra, y de los ojos rojizos brotaban extrañas chispas, que a más de uno hizo que ya no pudieran regresar a seguir perdiendo el tiempo en esta Escuela...... solo tuvimos alumnos estudiosos en esa época.

Don Santos, tuvo la osadía de sacar el machete con el que corta el  pasto y preguntarle que quería y que andaba haciendo y por qué no contestaba nunca y que a donde se metía, la viejecita solamente volteó con la extraña y espeluznante sonrisa, el raro movimiento del rebozo alrededor del cuello al que don Santos tiró un machetazo y el brillo rojo intenso de esos ojos que parecen que ves al fondo de un abismo de fuego, le lanzó una extraña jaculatoria en latín sacada del osario, y se esfumó en un alarde de prestidigitación delante de sus mismos ojos, por supuesto don Santos se paralizó por unos instantes, y cuando pudo recobrar la calma lo único que encontró en el suelo fue la cabeza de una culebra negra con pedazos de las barbas de un rebozo negro salpicado con musgo de cementerio....

Para cuando a doña Pacita ya se le había bautizado con ese nombre, aunque no estoy segura si será Pacita o Pasita, pero en fin, lo mismo da. Pues bien, el Lic. Ricardo Castillo fue testigo de otro hecho insólito, pues a él se le apareció doña Pacita en el mismo corredor, solamente que ésta vez acompañada del mismísimo hombre de negro que suele salir en la Cancha en las noches de luna llena, me platicó Ricardo, que en los tiempos de estudiante (él era uno de los de humanidades que menciono al principio) llegó a ver a la señora, pero que también se le hizo muy natural, pues vista de lejos la señora así parece, hasta esa infernal noche de luna llena, muy cercano el día de muertos, en que dijo:
-          ¡a caray!, quienes serán esos que vienen allí, si la fiesta de muertos es hasta mañana saliendo del Tenorio-
-          ¡oigan, balines, se equivocaron, la fiesta es hasta mañana!

Por única respuesta obtuvo la extraña sonrisa cadavérica de la señora, su latinajo, dos pares de ojos rojos chispeando y un raro silbido, saliendo de la lengua bífida del extraño sujeto, que desde entonces don Santos, yo, mi hija Rebeca, Ricardo y otros hemos visto en noches iluminadas por el resplandor de la luna en la cancha de la escuela y no precisamente jugando básquet aprovechando su fulgor.

Actualmente fuera de mí y de don Santos, ya la viejecita no se ha dejado ver; pienso que es como castigo, primero, por la osadía de don Santos y luego porque yo, con mucho temor me le acerqué, cierta calurosa tarde de Julio (me pregunto por qué le encanta salir en vacaciones), otra vez al anochecer y le dije Oiga señora, no sea malita, si es usted fantasma, dígame en donde está el tesoro..... Aquella viejita, recurrió nuevamente a su gran “performance” de “doña Pacita y su infernal jaculatoria,” en donde por supuesto tuve que salir aterrada y huyendo hacia la Dirección, ante la insólita mirada del Dr. Harmodio González, que era el Director y me vio venir corriendo a toda prisa, quien me preguntó
- ¿Oiga Elenita, pues que habla sola?, la vi como que hablaba con alguien y no era nadie, y luego salió disparada como loca
-          ¿se siente usted bien?

Ante mis ojos desorbitados y mi palidez extrema y esa mirada perdida tan característica me dijo
-          yo le voy a recomendar que platique un poco con mi hermano Lacho que es psiquiatra......




Lic. Elena Rodríguez de la Tejera

domingo, 23 de octubre de 2016

La Sociedad Filarmónica La Armonía


La familia Cervantes Lucio trajo a Rioverde muchos beneficios, una de sus tantas obras es la mostrada a continuación:

La Sociedad Filarmónica La Armonía
L a Sociedad Filarmónica “La Armonía” fue una agrupación integrada por personas amantes de las artes, ya fuera de la música, el canto, la poesía o la retórica. Se formó a iniciativa de doña Ramona Lucio, con la finalidad de recrear a la sociedad con veladas líricas, conciertos de cámara y expresiones literarias.

La señora Lucio era pianista y trajo consigo el acervo cultural de su familia: Mis padres me enseñaron a tener gusto por lo bueno, lo útil y lo bell, -decía. En efecto, la casa de sus padres estaba amueblada con un piano en cada habitación, sus hermanos y tíos ejecutaban obras a varias manos. Algunos fueron maestros de música. Por su parte, Isidora Ortega del Villar, su madre, tocaba el piano; el más destacado, el doctor Aniceto Ortega del Villar, fue autor de óperas y marchas, entre ellas “La Zaragozana” o “Marcha a Zaragoza”, segundo Himno Nacional en el siglo xix.

Ramona Lucio, tal vez fue inspirada por la Sociedad Filarmónica Mexicana fundada el 14 de enero de 1866 por su tío el doctor Aniceto Ortega y Tomás León, quienes en compañía de otros músicos y compositores en México protagonizaron el progreso del arte musical; ella, por su parte, el 16 de septiembre de 1893, en acto solemne, fundó la Sociedad Filarmónica “La Armonía”, que fomentó la afición común de la época. Las demostraciones en casas particulares y en el Teatro Díez Gutiérrez, activo desde el 19 de diciembre de 1890.

El teatro se ubicaba en la antigua calle Del Paso del Valle, actual Reyes, a un lado del edificio que fue cárcel Distrital. Inés Verástegui refiere que era de madera con todas las comodidades y buena acústica, y el primero que se construyó, gracias a la iniciativa del agente municipal Genaro Arcos. Don Eugenio Verástegui narra:

La preparación de estas veladas era causa de ajetreo, pues todos los que debían tomar parte de ella como actores, tenían que aprender algo nuevo. Dos conjuntos de cuerdas de aficionados cubrían la parte musical del programa, los cuales interpretaban música semi-clásica, chotis, valses, danzas, contra-danzas y pasos dobles, pues como la concurrencia debía tener ciertas aficiones particulares, se debían satisfacer todos los gustos. No era todo, se hacían pequeñas comedias o sainetes, se declamaban poesías y para cubrir esta parte del programa participaban no los que supieran sino quienes quisieran hacerlo, y como se estaba en familia, quedaban bien de todas maneras y cosechaban aplausos.

Sin embargo, los participantes interpretaban sus obras con todo profesionalismo, tocaban por nota, y en poesía con cierto grado de perfección.

La entrada era gratuita, la única limitación era el cupo; los integrantes del equipo cultural no se dedicaban sólo a deleitar al público con las diversiones descritas, sino que también le endulzaban el paladar con frutas de horno, que en los intermedios repartían las muchachas en bandejas.

Tomado del libro:Los Cervantes Lucio y algunos datos de Rioverde, S.L.P. de Jose J. alvarado.

domingo, 16 de octubre de 2016

FELICITAS HERNÁNDEZ MEDINA

Siguiendo con la presentación de personalidades de Ciudad Fernandez, el Archivo Histórico de Ciudad Fernandez nos presenta la siguiente Biografia:



FELICITAS HERNÁNDEZ MEDINA

Nació el 9 de agosto de 1943, en el Municipio de Ciudad Fernández, S.L.P. Sus padres, Aurora Medina Castro y Francisco Hernández Escalante. Estudió la primaria en la Escuela “General Zenón Fernandez” en la Cabecera Municipal, la secundaria en la escuela “Benito Juàrez” en Rioverde, la preparatoria en la escuela del Padre Rosales que se ubicaba en la calle Rayón en Cd. Fernández. Estudió un año Comercio en la “Academia Comercial Standard” y un año en los inicios de la escuela “Normal México”.

Fue educada por sus padres con respeto hacia los demás, su papá le decía “cada persona tiene una dignidad y hay que respetarla”.

En 1976 se casó con Patricio Galvan Nieto, un fotografo muy profesional de Rioverde y procrearon dos hijas, vivieron algunos años en el Municipio antes mencionado, cambiando su lugar de residencia a la casa de sus padres en el actual domicilio de Cd. Fernández. Sus hijas al crecer se van a estudiar a Monterrey donde tambien trabajaron, ahora trabajan en la Ciudad de Mexico.

En 1996 entro a trabajar como secretaria de la Parroquia “Dulce Nombre de Jesus” aqui en su querida tierra natal, siendo para ella un trabajo muy hermoso, ya que brindaba un servicio a la comunidad. Trabajo 14 años de 1996 al 2009, ademas de que ya conocia a muchas personas a las cuales pudo ofrecer sus servicios en cuanto a buscar y a encontrar sus boletas de bautismo, de confirmación, de matrimonio etc. Despues de 14 años la misma Parroquia la pensionó, siempre estuvo contenta de haber servido a las personas que solicitaban algun papel para hacer otros tramites. Hoy en dia sigue ayudando a la comunidad que aun la solicita, para la búsqueda en los archivos de la oficina parroquial.

ARCHIVO HISTORICO DE CD. FERNÁNDEZ, S.L.P.
Foto del archivo Historico de Cd. Fernandez, S.L.P.

domingo, 9 de octubre de 2016

HISTORIA DEL SULKY



HISTORIA DEL SULKY

Los antecedentes más cercanos del sulky son la diligencia y la carreta, que entran al Virreinato del Río de la Plata hacia fines del siglo XVI para transporte de personas y equipaje la primera, y para cargas varias la segunda; o con sus caracteres y adaptaciones impuestos por los usos y las costumbres de cada región, siempre tiradas por caballos, mulas o bueyes.

A mediados del siglo XIX, hay datos que consignan la aparición en las comarcas río platenses de una variación de estos transportes reducidos en tamaño, más elegantes, y también tracción a sangre llamados Sulkys, vocablo de origen anglosajón que pretende ubicarlo como "muy solitario", carruaje aparentemente originario de Australia, también utilizado en las granjas de los colonos británicos en África, de un solo asiento y tirado por un caballo o un avestruz y su uso era para paseo o viajes cortos, haciéndose más popular en carreras y competencias de velocidad. También se tiene noción que Francia fue su paso previo antes de afincarse en tierras gauchas.

En Tucumán se tienen las primeras noticias del sulky allá por 1880 y al parecer al poco tiempo logro su mayor arraigo en Simoca llegando a ser una postal viva de esta ciudad, trascendiendo las barreras del tiempo con una vigencia indiscutible en pleno siglo XXI. En el resto de la Provincia y del país, ya casi no existen. Hacia 1960 había más de 6.000 Sulkys patentados y circulando por las calles de Simoca y por los interminables caminos del interior del departamento, con gracia y elegancia incomparables.

Y a pesar de que con el correr de las décadas ha ido menguando el número de estos simpáticos carruajes (subsisten en la actualidad alrededor de 3.000), sigue imponiendo su presencia, estampando en el paisaje su figura enigmática y humilde. Sigue siendo el medio de transporte ideal para los simoqueños.

EL SULKY: "SOLITARIO Y ETERNO"

Hablar del sulky es como pintar en el alma un bien preciado. Y todo aquel que ha pisado el suelo de Simoca, no puede menos que inundarse los ojos con la imagen de éste transporte tan característico de estas tierras. Aparecen por cada calle, por cada sendero, multiplicando su traqueteo en los aires apacibles de un pueblo que se resiste a modificar su contexto urbano, como si se hubiera detenido en el tiempo; sólo algunas pinceladas de la modernidad, de tanto en tanto, aceleran su ritmo.

Lo cierto es que en Simoca se generalizó el uso del sulky, que ha llegado a poblar los caminos, entremezclándose con motos, automóviles y camionetas 4 x 4, llevando y trayendo a los lugareños que gozan de sus beneficios por ser un medio ágil, cómodo y económico, transformándose en un utilitario "tracción a sangre".

Tiene una capacidad de transportar a dos o tres personas y cargas reducidas en peso, habitualmente víveres, hortalizas, forrajes, bebidas o algunos animales como gallinas, cerdos o cabras para la venta o el trueque principalmente "en la Feria". Puede estar tirado por un caballo o mula, capaz no solo de atravesar considerables distancias, si no también pelearle a las inclemencias del tiempo o cruzar los ríos sin inmutarse, no necesita caminos para andar y no importa el estado del terreno, ni la hora del día; un sulky siempre llegará a donde vaya, llegó a Buenos Aires, La Quiaca y Corrientes en lo que se llama el Proyecto Argentina en Sulky, uniendo los cuatro puntos cardinales del país.

El sulky se fabrica y repara en Simoca. Solo los herrajes y el tapiz del asiento se compran prefabricados, en resto (80%) son componentes que se preparan y ensamblan artesanalmente con madera de tipa, cebil, cedro y pacará, incluso los arneses de cuero son manufacturados localmente. Una vez armado, se pinta y se le hacen los filetes (adornos, decorado). Desde el inicio, se fabrican de acuerdo al pedido del futuro propietario, inclusive los detalles.

Comprar uno nuevo requiere de unos $ 3.500 aproximadamente, su mantenimiento es muy accesible y su vida útil supera los 30 años. Y hasta con caballo prestado funciona sin costos adicionales. No es descabellado imaginar que en los polvorientos e incontables caminos simoqueños, alguien sentado a la vera de la senda, sombreándose bajo algún ceibo, espere el paso de un sulky para "hacer dedo" y poder "llegar a la Villa".

Se sabe que el sulky forma parte de la vida del hombre. Como "coche de bodas", este mágico carruaje ha sido testigo de innumerables casamientos; a cuantos enfermos habría socorrido en medio de la noche; cuantos jóvenes habrán completado sus estudios; a cuantos cantores y poetas habrá acompañado en trasnochadas travesías; docentes, médicos y obreros pasaron horas interminables en un sulky, y quien sabe cuántas campañas políticas tendrá en su haber; cuántas incontables páginas de historia; cuantas leyendas y remembranzas de tiempos idos y un presente admirable.

Cuando un visitante llega a Simoca en sus multicolores Sulkys, y quien más, quien menos, se anima y pide lugar para la foto o por ahí, pasear y después contarlo como hazaña. El sulky es testimonio de un pueblo y sus costumbres desafiando el modernismo. El sulky, compañero inseparable del hombre, viajero incansable de la jornada sufrida del campo; llena todos los espacios con su andar casi silente. Casi, casi diríamos que el SULKY es SIMOCA

EL SULKY Y SUS COMPONENTES

Hablar de sulky, es hablar de sus tres componentes principales:
El sulky propiamente dicho
El animal que lo tira
Los arneses (que llevan en su cuerpo el animal y que sirven para unirlo o "engancharlo" al sulky)

LAS RUEDAS: tienen desde 1.55 hasta 1.62 metros de diámetro. Van unidas por un eje de hierro y se constituyen en un elemento distintivo del sulky en cuanto a sus características y a su pertenencia social. En lo que podemos denominar el "SULKY TRADICIONAL", las ruedas son de madera, recubiertas en su parte exterior por una llanta de hierro. En su centro además no tiene rulemanes, sino que simplemente la rueda gira sobre el eje, y es sostenida por un perno. Las ruedas de madera, se constituyen en el elemento característico del sulky tradicional. Las ruedas de madera se fabricaban totalmente en el taller. Los rayos, 14 o 16, según el diámetro, se hacían de madera de lapacho, las "camas" como se llamaba a la madera de la circunferencia exterior donde se aplicaba la llanta, eran de madera de algarrobo o Quebracho blanco. En el centro de la rueda está la "masa" desde donde parten los rayos; era de algarrobo. Por ella atraviesa el eje. El eje es de hierro, con un buje de hierro fundido. La rueda gira directamente sobre el eje y se engrasa para evitar un mayor desgaste por fricción. El trabajo de "enllantar" una rueda era toda una tarea. Más moderno que el anterior, el SULKY LLANTAS DE GOMA (con ruedas de hierro), surge a fines de los años 60 y era propiedad de las familias más pudientes de la sociedad rural de Simoca, ya que tenía una mejor presencia, un andar más cómodo pero un costo más elevado. Estas ruedas eran fabricadas de hierro, recubiertas con una llanta de goma, que hacía al sulky más ligero y más silencioso cuando recorría las calles pavimentadas de la ciudad.

LAS VARAS: también se fabricaban a partir de madera en bruto, de tipa o de lanza (más durable aunque se torcía). Las varas nacen desde el puente que está bajo el asiento. Se proyectan hacia delante y miden 3.20 a 3.30 metros. Entre ellas, va ubicado el animal.

EL ASIENTO: en el resto del sulky se usaba el cedro (caja, aletas, guardabarros) Los tapizados se hacían con cerda vegetal (de palmera) con relleno y resortes de acero en los asientos. Sobre el eje que une las ruedas, se apoyan los elásticos, que hacen las veces de amortiguadores. Por encima de los elásticos, se coloca el puente. Por encima del lugar del nacimiento de las varas se coloca la caja del asiento en sí, el respaldo trasero y el cajoncito oculto abajo.

LAS ALETAS: los laterales del sulky son las aletas, que en décadas anteriores, eran el sello distintivo de cada uno de los talleres que fabricaban Sulkys en Simoca.

LA TALABARTERIA: "el complemento de la industria de los Sulkys". Como dijimos, el caballo se une al sulky por medio de los arneses. Se llama arneses al conjunto de elementos que sujetan al caballo al sulky. En el lenguaje de la región este es "atar el sulky".

EL SULKY: IDENTIDAD SIMOQUEÑA

Hablar del Sulky es instintivamente, hablar de Simoca, de su más tradicional y pintoresco medio de transporte con tracción a sangre. La palabra que designa su nombre, es un vocablo anglosajón que etimológicamente significa muy solitario y que precisamente, parece identificarse con la primitiva fisonomía del vehículo. El sulky de origen era un carruajecito muy liviano de un solo asiento y un solo caballo. Con esta característica aparece en las granjas de Australia y África, armado con tubos de acero, montado sobre dos ruedas de goma. Este también era tirado por un avestruz y se lo utilizaba para paseo, como medio de transporte y para correr carreras deportivas.

El tiempo y la idiosincrasia de cada pueblo, le fueron dando distintas características. Al llegar a la Ciudad de Simoca, nos damos, especialmente los sábados, con un espectáculo digno de la mejor estampa, el ir y venir interminable de caravanas de Sulkys cargados de mercadería, esto nos habla de la vigencia de un tiempo lejano, que hoy, vive orgulloso y se resiste al avance del progreso. Hablar del Sulky es hablar de sus dos componentes: el animal que lo tira y el sulky propiamente dicho. El animal (caballo o mula) lleva en su cuerpo una serie de elementos llamados "arneses", que desde la cabeza hasta el anca tienen su identificación; vemos un freno con cabezal y anteojeras con algunas campanillas; un pechero con "Yueguillo" y dos argollas por donde pasan las riendas y, del cual también arrancan las dos suelas o"tiros" que sostienen al vehículo. En las partes medias van las "silletas" con dos cargadores, dos pasarriendas y las varas: hacia al abdomen del animal, los dos barrigueros. Hacia la parte superior, "El baticola" completa con las tiras. Separado del animal, “el balancín" prendido en grampas del cabezal del sulky. Por su parte, el sulky propiamente dicho posee de adelante hacia atrás, los siguientes elementos: un cabezal afianzado en ambos extremos, con dos grampas y en donde van "estribos" con sus dos pisaderas al respaldo de adelante con su "pescante" delantero. A continuación la caja del asiento, compuesto por el asiento en sí, el respaldo trasero y el "cajoncito" oculto abajo. Las partes delanteras son las "aletas". Detrás del respaldo se encuentra el "pescante" trasero. Debajo de la caja del sulky encontramos "el puente", apoyado sobre el elástico, en donde aparece el eje central que termina en ambas ruedas, compuesta por dentro hacia fuera por la masa, los rayos y las llantas. El tipo de llantas es fundamental en el costo del vehículo, siendo las de goma las más caras. Actualmente existen en Simoca y sus alrededores casi 3.000 sulkys. El aspecto tradicional y pintoresco que le ofrecen a Simoca es único en todo el territorio del país, de allí el profundo significado de un vehículo plenamente identificado con un pueblo de costumbres y modas silenciosas que viven sus cosas más auténticas.



Tomado de los apuntes de Elenita Rodríguez de la Tejera

domingo, 2 de octubre de 2016

Dr. Eleno Cervantes González “El Apóstol del árbol”

Dr. Eleno Cervantes González “El Apóstol del árbol”
Alcalde ordinario en 1893, 1898,1905, 1906 y 1911

Nació el 18 de agosto de 1840, cuando don Juan Cervantes Saldaña era el administrador de la hacienda de Palmillas, tamps., ahí doña Josefa Gonzales dio a luz a quien estudiaría en la Escuela de Medicina de la ciudad de México, donde fue condiscípulo del poeta Manuel C. Acuña.
Caso con Ramona Lucio Ortega, hija mayor del director de dicho instituto Dr. Rafael Lucio Nájera, y nieta, por línea materna, del literato Francisco Ortega. Concibió cuatro hijos: Juan, María, Fausto y Raquel.
En 1875 era aspirante al Cuerpo Médico Militar, en 1878 médico de la Armada Nacional. Fue miembro de la Sociedad Lancasteriana. Con motivo de sus estudios aprendió inglés y francés y por gusto el italiano.
Para 1879 ya radicaba en Rioverde, donde fue Presidente Municipal en varios periodos: 1893, 1894/96, 1898 1905 1906 1911 y en 1906 Jefe Político interino del Partido de Rioverde; Presidente del Club Central Rioverdense, asociado con los Clubes Políticos Alianza “Blas Escontria” de San Ciro y Pastora, en 1887 Presidente y fundador de la Sociedad Mutualista de Agricultores de Rioverde.
Iniciador del cultivo del naranjo a mayor escala y fomento el del tabaco. En 1884 presidente de la Logia Hidalgo 39. Medico municipal y Director del Hospital de Jesús, al fallecer el Dr. Javier Gallardo. En varias ocasiones Sindico y Regidor del H. Ayuntamiento. En 1912 fue nombrado Jefe Político por los alzados de San Ciro que encabezaba Julio del Castillo en la toma de Rioverde.
Inicio el ciclismo con las primeras bicicletas. Intento en una creciente del rio llegar a Tampico en la barca “La descubridora” que mando construir, y al zozobrar y ver que la corriente arrastraba a un compañero, buscándolo exclamaba: “sin duda que Pedraza se ahoga”, frase que se hizo popular hasta la primera década del siglo XX y que se pronunciaba cuando se creía que un asunto iba a salir mal.
En la sociedad filarmónica “La Armonía” asombraba al público infantil como mago prestidigitador, desapareciendo y apareciendo objetos y a los adultos, de un chasquido con los dedos los regresaba del sueño hipnótico.
Bajo su administración municipal de 1894 y 1898 enfrento los problemas por la distribución de las aguas de la Media Luna con el ayuntamiento de Ciudad Fernández y la hacienda del Jabalí. En la administración de 1906 inauguro el Rastro donde ahora es la escuela “Manuel José Othón” y la liga de las Comunidades Agrarias. Creo el “Tivoli de los Naranjos”, un área de esparcimiento en las manzanas entre Morelos y Dr. Islas, con árboles, calzadas y juegos infantiles, tenía desayunadores rústicos, bancas y callecitas que conducían a pérgolas con plantas trepadoras como madreselvas y jazmín de España.
A su llegada, todos los naranjos injertados con las mejores variedades, y aprovechando que fungía como presidente planto naranjos dulces en todas las plazas y calles que se prestaban para ello. Como fue la calle José María Verastegui y la de Reyes, a esta se le conoció como la calle de los naranjos, porque el doctor la adorno con sus árboles favoritos, y en el atrio construyo bancas llamadas glorietas.
Cuando alcanzaban de 1.50 m. a 2 m. de altura, hacia una fiesta en la cual aprovechaba la oportunidad para exaltar las cualidades de toda clase de árboles y el papel que desempeñan en la naturaleza. Para el Ayuntamiento, el fruto aportaba la no despreciable cantidad de doscientos pesos anuales. El pueblo tenia oxígeno y sombra y el ayuntamiento dinero. ¡Benditos naranjos!
Así, al Apóstol del árbol inicio la industria citrícola en grandes proporciones, los agricultores se abastecieron con las yemas de los naranjos dulces plantados en las calles para injertar sus viveros y después poblar los huertos con el árbol de las manzanas de oro, que con los años constituiría la principal fuente de ingreso de los rioverdenses y convertiría el lugar en una entidad naranjera por excelencia.
Colaboro en el Centro Agrícola Industrial Potosino que se fundó el 27 de mayo de 1905, con el objeto de procurar el progreso, la agricultura y la industria, y el 19 de septiembre de 1906 recibió en compañía de James Reed el primer premio por su participación en cultivo de tabaco en rama. El evento se realizó en el edificio donde ahora está el internado Damián Carmona, que adquirió el gobierno para la escuela Industrial Militar. Murió el 16 de abril de 1934.


Tomado del libro: Los Cervantes Lucio en la historia de Rioverde, S.L.P escrito por J. Jesús Alvarado Orozco.